Nota Diario Clarin
Viernes 14 de Septiembre de 2007

En la mayor favela de Brasil hay una escuela de surf creada para que los chicos escapen a un destino peligroso. Cuatro argentinos filmaron su historia.

 

Casas apiladas sobre un morro en Río de Janeiro, una favela. El mar como un condimento del paisaje, nadie piensa en ir hasta allá. El surf es un deporte de elite y completamente individualista, sin embargo, un grupo de argentinos encontró a un tipo decidido a cambiar esa idea.

Los surfistas de la favela, es un documental escrito y producido por María Laura Ruggiero y Tómas Crowder, y dirigido por Natalia Bacalini y Maximiliano Ezzaoui, todos argentinos. En él se cuenta la historia de Bocao, un surfista carioca que vive en Rocinha, la favela más grande de Río, que fundó una escuela para utilizar este deporte, para sacar a los chicos de la violencia constante, darles una opción

«Bocao fue abandonado por su mamá y creció en Rocinha. Como ahí hay familias que tienen 12 hijos, obviamente no los crían. El se siente indentificado, por eso la necesidad de ayudarlos, de agarrar las tablas rotas que tiran los bananas, repararlas con lo que tiene a mano y dárselas a los chicos», cuenta Natalia completamente compenetrada con la historia del profe.

El documental está financiado por una empresa de Estados Unidos («es una triangulación muy extraña», asegura María Laura), porque ganaron un concurso que pretendía financiar proyectos que se relacionaran con deportes extremos, pero el protagonista acá no es el surf: «La película no intentaba retratar al nuevo exponente, sino mostrar que desde ahí los chicos podían encontrar una salida. No hay que nacer y morir en la favela», dice Maximiliano.

Ok, puede sonar ingenuo, pero María Laura lo reafirma y agrega: «Con Tomás laburamos con esta idea y en este lugar, pero esto también puede pasar en una villa de acá con una escuelita de fútbol».

La idea no fue completamente improvisada, sino todo lo contrario: «Teníamos una premisa que ibamos a refutar. En su orígen, el surf no era un deporte cool, sino que era practicado por los reyes en la Polinesia, era sagrado. Pensamos en qué lugar este deporte podía volver a ser sagrado y confirmamos que en Rocinha lo es, porque salva vidas. Además, a los chicos les da confianza y una opción frente a la violencia en la que viven. Muchos te decían que se olvidaban de todos sus problemas cuando se metían al agua», explica María Laura Ruggiero.

Natalia remarca: «Allá no existe la adolescencia. Los pibes tienen 13 años y son como nenes, pero al año siguiente ya son adultos y trabajan para alguno de los narcos de Rocinha».

«No se entiende lo que significa vivir en una favela. Más allá del cruce entre los narcos y la policía, no existe la intimidad y tampoco la idea de salir a conocer la ciudad», afirma Maxi.

Como un cuento de hadas: hoy algunos chicos tienen hasta sponsors de ropa, la escuela consuigó un subsidio del exterior y 10 mil dólares del siempre sonriente de Jack Johnson.

Txt Facundo Lozano.